El espíritu de la época y la configuración histórica del periodismo peruano

 

Tamara Paloma Pequeño Saco

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

ORCID: 0000-0003-2233-7598

DOI: https://doi.org/10.71187/brc.v0i7.134

Recibido:  14/10/2025  |  Aceptado: 10/11/2025

 

RESUMEN

Este ensayo de enfoque cualitativo analiza la historia del periodismo peruano desde la noción del espíritu de los tiempos (zeitgeist) como clave interpretativa histórico-crítica. Se propone superar la historia descriptiva de los medios concibiendo al periodismo como una forma de conciencia histórica que participa activamente en la producción de sentido.

A través de un recorrido, que va desde la prensa colonial hasta la era digital, se examinan las continuidades y reconfiguraciones de los lenguajes del poder. Este recorrido muestra cómo las transformaciones políticas, económicas y tecnológicas no eliminan los mecanismos de control simbólico, sino que los reorganizan.

Finalmente, se plantea que comprender el periodismo como práctica cultural, históricamente situada, permite pensar sus límites actuales y sus posibilidades críticas en el contexto contemporáneo.

 

Palabras clave: Zeitgeist, espíritu de los tiempos, medios de comunicación, historia del periodismo peruano, poder, narrativas.

 

The spirit of the times and the historical configuration of Peruvian journalism

 

ABSTRACT

This qualitative essay analyzes the history of Peruvian journalism through the lens of the zeitgeist as a historical-critical interpretive framework. It moves beyond a descriptive history of the media by conceiving journalism as a form of historical consciousness that actively participates in the production of meaning. By tracing a historical trajectory from the colonial press to the digital age, the essay examines the continuities and reconfigurations of the languages of power. It demonstrates how political, economic, and technological transformations do not eliminate mechanisms of symbolic control, but rather reorganize them. Finally, it argues that understanding journalism as a historically situated cultural practice allows for a critical assessment of its current limitations and its possibilities within the contemporary context.

 

Keywords: Zeitgeist, spirit of the times, media, history of Peruvian journalism, power, narratives.

 

 

INTRODUCCIÓN

La historia del periodismo ha sido narrada con frecuencia como una sucesión ordenada de fechas, publicaciones y avances técnicos, bajo el supuesto de que la evolución de los medios refleja la manera directa del progreso social y político. Este abordaje descriptivo, centrado en la enumeración de hitos, resulta insuficiente cuando se busca comprender el papel del periodismo en la configuración de las formas históricas de percepción, legitimidad y poder, pues tiende a invisibilizar las condiciones culturales y simbólicas que hacen posible determinar prácticas comunicativas en cada época.

Este ensayo surge de la problematización sobre la manera en que los sistemas de creencias interpretan los hechos históricos y producen narrativas que refuerzan el marco simbólico que les da sentido. Esta reflexión conduce a varios planteamientos sobre la existencia de épocas atravesadas por sensibilidades compartidas que orientan la producción cultural. Desde esta inquietud surge el interés por indagar sobre el espíritu de los tiempos a través de la historia del periodismo peruano.

El zeitgeist permite identificar las configuraciones históricas a partir de las cuales se articulan prácticas culturales, lenguajes y sistemas de creencias (Herder, 1959). Desde esta perspectiva, el periodismo no debe ser comprendido como reflejo de procesos externos, sino como una instancia activa en la producción de sentido (Hegel, 1974).

Este ensayo cualitativo se inscribe en una tradición histórico-crítica que rechaza las lecturas lineales del devenir histórico y asume que la historia del periodismo está atravesada por discontinuidades, apropiaciones y reconfiguraciones del poder. Cada transformación técnica (la imprenta, el telégrafo, la prensa industrial, la digitalización) abre nuevas posibilidades, pero también redefine los mecanismos de control simbólico.

La historia del periodismo en el Perú se desarrolla en un contexto marcado por la persistencia de estructuras coloniales, la fragilidad de los procesos de institucionalización democrática y una inserción desigual en la modernidad capitalista.

Desde la prensa colonial, controlada por élites letradas, hasta las plataformas digitales contemporáneas, el periodismo ha operado como un espacio de mediación entre proyectos de poder, disputas ideológicas y transformaciones culturales, más que como un simple canal informativo.

Metodológicamente, este trabajo articula análisis histórico, reflexión cultural, apoyándose en aportes de la filosofía de la historia, la teoría crítica y los estudios de comunicación. Los autores que dialogan en este texto no funcionan como autoridades explicativas, sino como referencias conceptuales que permiten pensar procesos históricos concretos. La prioridad no está en reproducir marcos teóricos, sino en interpretar la historia del periodismo peruano como parte de un estado permanente de tensión y disputa por orientar el sentido histórico de la experiencia social.

 

LA PRENSA COLONIAL Y LOS PROCESOS CULTURALES

La instauración de la prensa en el Perú colonial respondió a una necesidad de administración del poder más que a una de información. La sociedad colonial tenía claras jerarquías étnicas, clasistas, religiosas y políticas; la imprenta fue un recurso regulado, reservado a los sectores letrados y orientado a reproducir el orden existente.

Las primeras publicaciones funcionaron como extensiones de las instituciones dominantes –la Iglesia, la administración virreinal y los círculos ilustrados–, que controlaron los contenidos y la circulación. En este contexto, la condición de analfabetismo resultaba un mecanismo de exclusión simbólica (Gargurevich, 1991). La prensa colonial peruana fue un campo de poder destinado a formar sujetos sometidos (Bourdieu, 1997).

Las crónicas ocuparon un lugar central en este dispositivo. No era un género informativo, sino que subordinaba el hecho a un marco moral y político predefinido. El cronista no describía la realidad, la interpretaba desde una posición de autoridad, integrando lo nuevo en un universo simbólico estable y evitando que el acontecimiento alterara el sentido del orden establecido (Chartier, 1992).

Junto a las crónicas circularon hojas sueltas, edictos y textos breves destinados a comunicar disposiciones oficiales o advertencias morales. Con el tiempo, estos impresos llegaron a lugares y sectores sociales a los que antes no accedían (Mendoza, 1997).

Hacia fines del siglo XVIII, cuando las ideas ilustradas y los procesos revolucionarios alteraron el horizonte político del orden colonial, las hojas circulantes incorporaron reflexiones vinculadas a las nociones de libertad, razón y patria; incluso, bajo condiciones de control y verticalidad informativa, estos impresos que cuestionaban a la autoridad hegemónica se convirtieron en un potencial instrumento contra el viejo orden (Gargurevich, 1991: 35-60).

La prensa independentista tenía como objetivo principal movilizar un nuevo proyecto de poder y desempeñó un rol clave en la construcción simbólica de una nueva sociedad, pero lo hizo desde una lógica elitista, en la que el pueblo era convocado como referente simbólico, mas no como sujeto activo del discurso (Anderson, 2006). El lenguaje emancipador no eliminó la función pedagógica de la palabra impresa, la resignificó, reutilizando formas discursivas heredadas bajo nuevos sentidos (Hobsbawm, 1998).

Al lograrse la Independencia, las élites criollas asumieron el rol que antes había sido del aparato colonial, y utilizaron la prensa para consolidar su liderazgo. En este contexto, la prensa funcionó como un laboratorio fundacional de lo que más adelante sería el periodismo político republicano[1].

Este período consolidó la dificultad de construir un espacio comunicacional independiente frente al poder, y se activó una alianza que se fortalecería con la globalización en los tiempos del capitalismo tardío del siglo XX.

 

LA MODERNIZACIÓN CAPITALISTA Y LA PRENSA EMPRESARIAL

La modernización del periodismo peruano no se produjo como una consecuencia automática del progreso técnico, sino como parte de una transformación más amplia en la organización económica y social del país a lo largo del siglo XIX. La prensa fue dejando de ser un instrumento político ocasional para convertirse en una actividad sostenida y organizada, ingresando, progresivamente, en la lógica capitalista y redefiniendo su función social.

La fundación del diario El Comercio, en 1839, simboliza este cambio. Su continuidad, estabilidad editorial e inserción en el mercado lo distinguen de las publicaciones efímeras del período anterior, consolidándose como una empresa informativa capaz de articular intereses políticos, económicos y culturales (Gargurevich, 1991). Este proceso estuvo vinculado a la expansión de la imprenta y al aumento progresivo de la alfabetización urbana que, sin embargo, no implicó una democratización plena del acceso a la palabra impresa, pues la libertad de prensa avanzó de manera desigual y bajo la concentración de los medios en manos de grupos de poder económico (Eisenstein, 2005).

La introducción del ferrocarril, la navegación a vapor y la llegada del telégrafo transformaron radicalmente la experiencia del tiempo informativo. Las noticias comenzaron a circular con mayor rapidez reduciendo la distancia entre el acontecimiento y su relato. Esta aceleración modificó la lógica narrativa del periodismo, favoreciendo la fragmentación del contenido y la primacía de la novedad (McLuhan, 1996).

La aparición y expansión de las agencias de noticias integraron al país en circuitos informativos internacionales. Las noticias del mundo comenzaron a ocupar un lugar central en los diarios, configurando una percepción global del acontecer que reforzó la autoridad simbólica de la prensa (USAGM, 2024).

La Guerra del Pacífico intensificó la dependencia de fuentes externas y consolidó el papel de la prensa en la producción de narrativas nacionales, emociones colectivas y discursos sobre modernización.

La consolidación del periodismo empresarial transformó los criterios de noticiabilidad y los géneros periodísticos. La información comenzó a organizarse en secciones estables, a jerarquizarse según su impacto potencial y a dirigirse a un lector concebido como consumidor. Este desplazamiento no eliminó la dimensión política del periodismo, sino que la reconfiguró dentro de una lógica donde la rentabilidad y la influencia social se reforzaban mutuamente. Lejos de resolver desigualdades comunicacionales heredadas, la modernización reorganizó bajo nuevas formas las asimetrías comunicacionales del período colonial, las que se profundizarían en el siglo XX.

 

EL SIGLO XX Y LA DISPUTA IDEOLÓGICA EN LA PRENSA

El ingreso del Perú al siglo XX supuso una reorganización de sus formas de legitimización. La llamada “República aristocrática” consolidó un modelo económico agroexportador que reforzó el poder de las élites tradicionales y promovió una imagen de modernización. En este contexto, la prensa desempeñó un papel central en la producción de consenso sobre lo que se entendía como “los nuevos tiempos” asociados al progreso, el orden y estabilidad, mientras excluía del espacio público a los grandes sectores vulnerables.

Los diarios y revistas de mayor circulación se dirigían a un público urbano y letrado, reforzando una visión del país alineada con los intereses de los grupos dominantes. La variedad de formatos de publicaciones amplió el repertorio expresivo del periodismo, pero no de los marcos ideológicos que se mantuvieron cercanos a las élites conservadoras.

La pluralidad formal convivió con una notable homogeneidad discursiva que contribuyó a naturalizar las diferencias sociales y a presentar la modernización como un proceso inevitable y armónico (Mendoza, 2006); sin embargo, este consenso fue interpelado con la aparición de la revista Amauta, en 1926, bajo la dirección de José Carlos Mariátegui, quien introdujo una ruptura significativa en el panorama periodístico.

Amauta articuló arte, política y reflexión social, cuestionando los supuestos ideológicos del orden oligárquico. Para Mariátegui, el periodismo no debía limitarse a describir la realidad, sino a participar en su transformación, contribuyendo con la formación de una conciencia crítica, capaz de pensar el país, desde sus contradicciones (Mariátegui, 2005).

Esta concepción del periodismo –como práctica cultural crítica– contrasta con la función legitimadora de la prensa dominante. Amauta no buscó competir en el mercado informativo, sino, disputar el sentido de la modernidad peruana.

Su proyecto editorial reveló que el campo periodístico era, en realidad, un espacio de lucha ideológica, donde distintos proyectos de sociedad se enfrentaban a través de la palabra impresa. Este conflicto se vio intensificado por el contexto internacional. Las guerras mundiales, el ascenso del fascismo y la posterior configuración de la guerra fría redefinieron el papel de los medios en todo el mundo.

En el Perú, durante el Gobierno de Augusto B. Leguía, la prensa, además de ser utilizada para promover una narrativa de modernización, se usó para deslegitimar y perseguir a los opositores. El periodismo se convirtió en un espacio donde la información y la opinión se confundían deliberadamente (Arendt, 2006).

Desde una perspectiva más amplia, el siglo XX consolidó al periodismo como un actor central en la disputa por el sentido social. Como plantea Jameson (1991), las formaciones culturales del capitalismo tienden a absorber incluso las prácticas críticas, integrándolas en una lógica dominante. En el campo periodístico peruano, esta tensión se manifestó en la coexistencia de proyectos intelectuales radicales con una estructura mediática cada vez más orientada al mercado y al control ideológico.

La disputa entre una prensa orientada a la legitimación del poder y proyectos periodísticos críticos reveló la ambivalencia estructural del periodismo moderno.

 

AUTORITARISMO Y NEOLIBERALISMO EN EL CAMPO PERIODÍSTICO

La reconfiguración del campo periodístico en Latinoamérica, a partir de la década de 1970, no puede comprenderse sin atender a la articulación entre autoritarismo político y neoliberalismo económico. Lejos de tratarse de procesos sucesivos o excluyentes, ambos se complementaron en la producción de un nuevo orden, donde la prensa adquirió progresivamente la función de instrumento estratégico de legitimación del poder económico, más que de los gobiernos de turno.

El golpe de Estado en Chile, en 1973, marcó un punto de inflexión regional que permitió la instalación de un modelo económico neoliberal que redefinió el rol del Estado y reorganizó el sistema mediático. Como advierte (Fontana, 2011) las dictaduras del Cono Sur operaron como laboratorios políticos que habrían sido difíciles de imponer en contextos democráticos. La prensa fue reordenada para naturalizar el nuevo sentido común económico.

Este proceso mostró que el neoliberalismo requería un sistema mediático funcional a la estabilidad del mercado y a la legitimación del orden social emergente. El cierre de medios críticos, la concentración de la propiedad y la persecución de periodistas no fueron anomalías, sino condiciones estructurales para la consolidación del proyecto neoliberal. Esta lógica se proyectó en toda la región, aunque adoptó formas específicas en cada país.

En el Perú, el itinerario fue singular. En 1968 se instaura el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, quien representó una experiencia de autoritarismo basado en un proyecto nacionalista y reformista. La estatización de los principales medios respondía a la convicción de que la prensa era un aparato ideológico clave para disputar el poder simbólico a las élites tradicionales. Durante este período el periodismo fue concebido explícitamente como un instrumento del Estado orientado a la construcción de una nueva identidad nacional.

Sin embargo, esta apropiación estatal del campo periodístico, no implicó su democratización plena, aunque amplió la visibilidad de sectores históricamente marginados, también redujo la autonomía del periodismo y la subordinó a sus objetivos. El control del mercado fue reemplazado por el control político, sin resolver la tensión estructural entre prensa y poder. El campo periodístico difícilmente logra sostener su autonomía cuando es absorbido por lógicas externas (Bourdieu, 1997).

El retorno a la democracia en la década de 1980 abrió un escenario marcado por expectativas del pluralismo, pero coincidió con la expansión global del neoliberalismo como racionalidad dominante. En el Perú, la crisis económica, la hiperinflación y el colapso institucional debilitaron el Estado y reafirmaron al mercado como eje material desde donde se reorganizaron las prácticas sociales de la vida cotidiana. El periodismo recuperó su carácter privado, pero lo hizo bajo condiciones que no le permitían la independencia que requería el oficio.

El neoliberalismo peruano no se limitó a reformas económicas, implicó una reorganización integral de la sociedad y de sus formas de comunicación. El proyecto neoliberal redefinió la noción misma de ciudadanía desplazándola hacia la figura del consumidor (Jiménez, 2015). En este contexto, la información dejó de concebirse como un derecho social y pasó a ser tratada como mercancía, aplicándosele la lógica de la rentabilidad y las agendas mediáticas (McCombs, 2006).

El proceso neoliberal alcanzó su expresión más extrema durante el régimen de Alberto Fujimori en la década de 1990. Durante este período, la prensa desempeñó un papel central en la consolidación de este sistema, combinando propaganda política, espectacularización y manipulación informativa. A diferencia del autoritarismo clásico, el control mediático se ejerció mediante mecanismos indirectos como la concentración de medios, la precarización del trabajo periodístico, la compra de líneas editoriales, la presión publicitaria y la producción sistemática de escándalos (Harvey, 2007).

La llamada prensa chicha ejemplificó esta lógica. Estos medios financiados desde el aparato estatal utilizaron el sensacionalismo y la violencia simbólica para deslegitimar a la oposición y construir enemigos internos. La noticia fue reemplazada por el espectáculo y el periodismo se transformó en un dispositivo de disciplinamiento social. Estas prácticas fueron expresiones del sistema a nivel global (McChesney, 2004).

La prensa, lejos de actuar como contrapeso del poder, contribuyó a naturalizar la desigualdad y a despolitizar el conflicto social.

 

DITITALIZACIÓN Y PLATAFORMAS EN EL PERIODISMO CONTEMPORÁNEO

La digitalización del periodismo intensificó tendencias que ya estaban presentes en la etapa neoliberal, pero las llevó a un nuevo umbral. El reemplazo de la máquina de escribir por la computadora, transformó las rutinas de producción, acelerando los tiempos de escritura y reduciendo las distancias entre el acontecimiento y su publicación. La diagramación digital y la convergencia de lenguajes reforzaron una lógica informativa orientada a la inmediatez y al impacto visual.

La expansión de Internet alteró los flujos informativos. Las plataformas digitales se convirtieron en intermediarias centrales de la circulación de noticias desplazando a los medios tradicionales de su rol histórico como controladores del flujo, de acceso y de narrativas de la información (gatekeepers). La sociedad en red reorganiza el poder comunicacional en torno a flujos, pero estos flujos no son horizontales ni democráticos, sino que concentran la información (Castells, 2009) y con mayor potencia que los medios tradicionales, le dan forma a la ética y al sentido común del sujeto.

En ese nuevo ecosistema, el lector se transforma, simultáneamente, en consumidor, productor y objeto de información. La sobreproducción de contenidos y el sobreconsumo informativo debilitan la capacidad de construir relatos coherentes y críticos, lo que conduce al deterioro cognitivo y a la producción de una sociedad acrítica (Han, 2014).

La centralidad de los algoritmos profundiza esa crisis convirtiendo la experiencia humana en materia prima para la manipulación y predicción del comportamiento. En el periodismo, esta lógica articulada con el interés comercial, ha orientado el diseño de contenidos hacia la captación de atención, independientemente de la relevancia pública. La inteligencia artificial intensifica este proceso al automatizar la producción informativa y planteando dilemas éticos inéditos (Zuboff, 2019).

La UNESCO (2023) advierte que la falta de regulación puede llevar a la IA a reforzar la desinformación y la propaganda algorítmica. El desafío contemporáneo del periodismo no es, entonces, tecnológico, sino político. Recuperar su función mediadora en un entorno gobernado por plataformas que privilegian la rentabilidad sobre el sentido.

 

CONCLUSIONES

El recorrido histórico desarrollado en este trabajo permite comprender que el periodismo peruano ha estado siempre atravesado por tensiones entre el poder del mercado y la producción de sentido. Desde la prensa colonial hasta la era digital, la palabra pública ha funcionado como un espacio de disputa donde se articulan proyectos políticos, económicos y culturales. La modernización tecnológica no ha eliminado esas tensiones, sino que las ha reconfigurado bajo nuevas formas.

El análisis del autoritarismo y del neoliberalismo muestra que la pérdida de autonomía del campo periodístico no es un fenómeno reciente ni, solo, tecnológico. La censura directa fue reemplazada por la dependencia económica y algorítmica produciendo un periodismo formalmente libre, pero condicionado. En este contexto, la crisis contemporánea del periodismo no puede entenderse sin una lectura histórica del zeitgeist neoliberal.

Pensar el periodismo como forma histórica de conciencia permite superar perspectivas reduccionistas y abrir una reflexión más amplia sobre su papel en la construcción del sentido social. El desafío actual consiste en recuperar la dimensión crítica del periodismo sin desconocer las condiciones materiales que lo atraviesan, reconociendo que cada época produce sus propias formas de control y sus propias posibilidades de resistencia.

 

Referencias

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TAMARA PALOMA PEQUEÑO SACO.  Magíster en Escritura Creativa y Licenciada en Periodismo. Con estudios completos de maestría en Comunicación y Gestión Cultural por la Universidad CAECE de Buenos Aires. Comunicadora experta en elaboración de estrategias de comunicación, gestión de contenidos, edición de publicaciones impresas

 



[1] Entiéndase a este “periodismo político republicano” como un espacio donde la información, la opinión y la propaganda se entrelazan sin fronteras claras.